HOMBRES SIN TRABAJO, EMPRESAS SIN TRABAJADORES: UNA PARADOJA.

La desocupación y la falta de capacitación técnica: dos variables que asolan nuestra ciudad

LA DESOCUPACIÓN Y LA SALUD

La Crisis por la que atravesó nuestro país y se manifestó inexorablemente en diciembre del 2001 provocó graves consecuencias. Se han realizado numerosos análisis e interpretaciones sobre la misma desde distintas ópticas y puntos de vista. No estamos hablando solamente de una crisis económica aunque esta es definitoria. La problemática económica se entrecruza con la social y con la psicológica.

El fenómeno por sus consecuencias, compromete todas las instancias de nuestra sociedad. Convergen lo social, lo cultural, lo político, dando esto una configuración compleja, tanto en la visualización y apercibimiento del fenómeno mismo como en las posibles alternativas que puedan llevarnos al inicio de su resolución.

Nos centraremos en un nivel de análisis perteneciente al terreno de lo psico-social. Es decir la incidencia que tiene la desocupación en las distintas instancias de la sociedad y del individuo como generador de un efectivo riesgo psico-social.

•  Que pasa con la familia que no puede acceder a sus necesidades mínimas de alimentación, educación, salud y vivienda.

•  Que pasa con el individuo cuando las condiciones mínimas de subsistencia no están cubiertas y generan estrategias de supervivencia en los mismos límites de las normas sociales.

•  Que ocurre con nuestros jóvenes que no tienen nada hoy y no vislumbran nada mañana.

El tema de la ocupación/desocupación es más amplio de los que sus mismos conceptos implican.

El tener trabajo es un generador de recursos, un potenciador de alternativas que no solo nos habla de la posibilidad de cubrir necesidades elementales, sino la de acceder a otros tipos de bienes dentro de lo social, cultural, psicológico, ambiental.

El no tenerlo implica lo contrario. Cuando grandes capas de la población pierden su inserción laboral tanto en término de fuentes de trabajo como de su ubicación en la estructura social, quedan marginados de la economía, de la posibilidad a la vivienda, del consumo mínimo, de la seguridad social. Hay un relegamiento de la SALUD.

Entendemos el concepto de SALUD en un sentido amplio, como la satisfacción del conjunto de necesidades físicas, psíquicas y sociales y el mejoramiento de la calidad de vida. Lo es la alimentación, el trabajo digno, la educación, el agua potable, un medio ambiente saludable, la recreación, etc.

Cuando la salud está comprometida nos empezamos a inclinar a un terreno fértil para el crecimiento de determinadas enfermedades, del analfabetismo, la deserción escolar, la prostitución, las adicciones, el alcoholismo, la delincuencia.

La situación de marginalidad urbana se define por una relación asimétrica, entre algunos sectores y la sociedad global que se expresa en una serie de condiciones y de efectos negativos.

Si tenemos en cuenta que específicamente la población de las villas miserias de la ciudad de Rosario sobrepasan las 300.000 personas y que el 48% es menor de 15 años, vemos como se perfilan con mayor precisión los puntos críticos que tenemos que tener en cuenta al planificar las acciones correspondientes.

Sin embargo el concepto de marginalidad se ha ampliado en la actualidad y no abarca exclusivamente a estos sectores históricamente carenciados. Es cada vez mayor la diferencia que aludimos anteriormente entre distintas partes de la sociedad y cada vez se incrementa más la población que cubre este concepto de marginalidad y riesgo.

El panorama es desolador.:

•  Tenemos que reconocer las patologías propias de la miseria como la desnutrición infantil y la tuberculosis.

•  Hay un aumento de viejos flagelos como el Chagas, el cólera y la lepra, epidemias de sarampión y hepatitis.

•  Enfermedades degenerativas relacionadas con hábitos alimentarios y contaminación ambiental ( cardiovasculares y neoplásicas ), que están en 1er. y 2do. lugar de causas de muerte.

•  La violencia que no se reduce al daño corporal o psíquico ni se restringe solamente al momento en que se produce el hecho sino como un proceso que se va acumulando, creciendo y autoperpetuándose ocasionando consecuencias inmediatas y mediatas.

Las muertes violentas ocupan el primer lugar en lo que se refiere a años de vida potencialmente perdidos, es decir que un número importante de personas jóvenes fallece antes del tiempo esperado (la vejez ) a causa de accidentes de tránsito, homicidios, suicidios, etc. relacionados fuertemente con una modalidad de vida que no da respuestas básicas.

•  Problemas de un gran impacto social como la drogadicción, el alcoholismo, el aborto.

•  Las modificaciones en las organizaciones del trabajo y en la legislación laboral aparecen en mediano plazo, junto con la desocupación, subocupación, el trabajo en negro, como determinantes de un grupo amplio e inespecífico de problemas de salud (aumentos de los ritmos laborales y bajas remuneraciones dan mayores riesgos).

Junto a esto los factores psicológicos que conlleva la inseguridad permanente, la precarización del empleo, el fantasma de la pérdida de la fuente laboral, etc. llevan al individuo que incluso está inserto en el circuito laboral a ser más proclive a trastornos psicológicos, miedo, angustia y desamparo y a enfermedades psicosomáticas.

Los cambios alimentarios y la disminución de las defensas aumentan la posibilidad de adquirir determinadas enfermedades.

A nivel social existe una profundización en la ruptura de los lazos solidarios, originada en una supervivencia individual.

La familia es la célula de la sociedad, es donde los individuos se forman y al mismo tiempo que van desarrollando su propia identidad, van perfilando reglas y normas que lo incorporan a la sociedad misma.

El deterioro de estas funciones pone en riesgo a la estructura social.

Si el individuo no cuenta con un grupo social primario capaz de preservarlo y de permitirle desarrollarse adecuadamente las bases de conformación social está en una ciénaga de arenas movedizas.

Tampoco puede funcionar como contenedora de las múltiples tensiones externas al núcleo familiar.

Las personas apelan a una gama de recursos para adaptarse a la nueva situación.

Pero resulta más difícil su desarrollo cuando la inserción activa en la red social se ve obturada. Según Castel, se va produciendo un proceso progresivo de DESAFILIACIÓN en el cual se van debilitando los ejes que posibilitan la pertenencia.

Han surgido una serie de estrategias en forma de programas diversos para el tratamiento de los problemas socio-económicos, la mayoría pensados sin la participación de los beneficiarios. Castel lo llama la gestión de los riesgos sociales , que define como el establecimiento de un perfil que ordena para las poblaciones con “ nivel de riesgo” los trámites sociales que se verán forzadas a realizar.

Se despersonaliza la relación y las personas se ven inmersas en contextos sumamente amplios, separados en el tiempo y espacio.

Organizaciones que suponen el funcionamiento coordinado de muchas personas físicamente ausentes unas respecto de otras, sus acciones se conectan pero no con la intermediación del lugar.

Las instituciones sociales se desprenden de las relaciones sociales de los contextos locales y su recombinación a través de distancias indefinidas espacio-temporales.

Son sistemas que podríamos llamar abstractos y penetran todos los aspectos de la vida social y personal, afectando las actitudes de confianza, ya que ésta deja de conectarse con las relaciones directas con las personas.

Progresivamente, se destruye la caparazón protectora de la pequeña comunidad reemplazándola por organizaciones más amplias e impersonales.

Las personas se sienten despojadas en un mundo donde desaparecen rápidamente el sostén, los apoyos psicológicos .

Es un círculo vicioso, la desocupación y sus implicancias generan vulnerabilidad física, psíquica y social.

Este proceso de resquebrajamiento social abre caminos antagónicos: lleva al individuo a un estado que lo pone al borde de las normas y reglas de nuestra sociedad, o le da un estado de tal indefensión que no lo hace apto para incorporarse el circuito laboral si lo hubiera o, finalmente, lo lleva a tratar de recuperar esa trama social desgastada, disfuncional, dolorida.

LA FALTA DE COINCIDENCIA ENTRE LA OFERTA Y LA DEMANDA

La transformación de la sociedad argentina (más allá de quienes estén de acuerdo o no) implica una modificación de las relaciones sociales y de las reglas que han regulado las acciones de la gente.

En un momento de estabilidad social, y no me refiero a estabilidad en términos monetarios, los representantes pueden, al mismo tiempo, interpretar las necesidades y expectativas de sus representados y pueden también interpretar los indicadores de la realidad, permitiéndoles elaborar estrategias eficaces y contar con el respaldo de la gente.

Los índices de desempleo en Argentina son aun muy elevados. Varios millones de personas no están insertas laboralmente o lo están en malas condiciones, y sin embargo son muchas las industrias que se quejan de no poder conseguir mano de obra especializada. Los últimos datos nos dan cuenta que en el período 2002-2005 se triplicaron los índices de demanda laboral con la recuperación de la industria. Sus estrategias ligadas a la exportación de sus productos y la necesidad de reemplazar insumos importados por nacionales los ha llevado a tener que incrementar los recursos humanos capacitados en determinados oficios que durante largos años han estado totalmente relegados. Torneros, fresadores, marroquineros, costureros, soldadores, matriceros, y una gran cantidad de especialidades que se han ido diluyendo por las condiciones desgastantes que han tenido que soportar estos trabajadores y estos empresarios que juntos han transitado un camino de parálisis, desesperanza y falta de horizontes.

Actualmente, a cuatro años de la devaluación, el panorama se fue transformando para unos y para otros. Las industrias fueron reactivándose paulatinamente, con adelantos y retrocesos, pero con la firme convicción de apostar al crecimiento y a la producción como la única forma de salida del marasmo anterior.

En el transcurso de la era postindustrial se ha ido cambiando el sistema de valores y el estilo de vida al que aspiran los trabajadores en comparación a los que tenían anteriores generaciones. Hay una nueva visión de lo que se considera la ética laboral y un redimensionamiento, al tener mayor movilidad geográfica y ascendente, junto con mayores niveles de educación, conocimiento y especialización y su urgencia por ascender, de una mayor identificación con el éxito y las satisfacciones personales. Esto los lleva a tener una mayor predisposición a hacer suyos los objetivos de la empresa y sentir el éxito de esta como propio y parte de su ser.

Pero la crisis que atravesó nuestro país también afectó estos valores y las ambiciones que conllevan, dejando graves secuelas. Muchas industrias murieron y no pudieron sobrevivir a ella, otras tuvieron que apelar al achicamiento de su estructura (downsizing) y vemos como solo en la provincia de Santa Fe varió en este último decenio, el mapa conformado por Pymes y Microempresas, donde hubo una suerte de transformación en emprendimientos más pequeños, lo que incrementó el índice de las segundas en desmedro de las primeras. Otras supervivieron y esperaron el momento en que estén dadas las condiciones contextuales que permitieran su desarrollo. Quizás las actuales condiciones estén permitiendo incrementar esta posibilidad.

Los hombres, los trabajadores, también sufrieron en carne propia este fenómeno. Muchos quedaron fuera del sistema laboral y pasaron a engrosar las filas de desocupados, murieron en vida y su rehabilitación cuando ello es posible, es lenta y dificultosa. El daño fue letal. Otros supervivivieron trabajando en diferentes ocupaciones, con dignidad y sentido de realidad, pero perdiendo su perspectiva y su identidad laboral. Otros, los menos, continuaron en sus especialidades, aportando su experiencia y conocimientos y son los que aun pueden mantener sus sistemas de valores y sus ambiciones intactos.. Ellos están trabajando y son reconocidos en su especialidad. Son los pocos.

La complejidad de la problemática amerita respuestas integrales y el esfuerzo compartido de todos los involucrados en esta trama. Tenemos que pensar y discriminar en estrategias a corto, mediano y largo plazo donde el estado, las organizaciones y los hombres tengan un rol protagónico. Se requiere severas adaptaciones por parte de ellos, reevaluar sus posiciones, integrar sus esfuerzos para desarrollar un sistema de colaboración que permita el crecimiento conjunto de nuestra región, de nuestros hombres e industrias.

Cuales son los caminos para resolver esta situación? ¿Cómo es posible que las personas no puedan insertarse dentro de una sociedad que necesita de ellas para poder desarrollarse? Como es posible que las industrias que con esfuerzo se han mantenido a lo largo de estos años no puedan en estos momentos conseguir mano de obra capacitada?.

Pensamos en un Plan de Formación y Capacitación integral y permanente, sobre la base de las reales necesidades relevadas y definidas para resolver la problemática presente y planificar la futura, de manera conjunta entre los distintos actores de esta situación. De ninguna manera creemos que la mera acumulación de cursos aislados, las respuestas improvisadas para tapar situaciones de urgencia o las propuestas que solo conllevan un maquillaje superficial que tiene que ver mas con coyunturas políticas que con un real objetivo de resolver esta problemática a fondo y con eficacia, sean la respuesta que esta situación necesita.

El punto de intersección entre los tres protagonistas de este fenómeno, es el esfuerzo conjunto, apuntando al mismo objetivo:

El Estado realizando primero un profundo análisis de las necesidades de los recursos humanos especializados acorde a los requerimientos y la situación actual de nuestra industria y de nuestros procesos productivos, desarrollando políticas que acerquen a los jóvenes nuevamente a la valoración de estos oficios diluidos con el paso del tiempo y elaborando estrategias de capacitación técnica y de oficios a lo largo y ancho del país, con una mirada potencializadora dirigida al futuro que les permita también evaluar y planificar el posible desarrollo de estas necesidades durante los próximos diez años. Es poner el foco en el desarrollo interno del país, sus hombres y su producción. Esta intervención puede dar sus frutos a mediano y largo plazo, si es que el Estado se lo propone.

 

Para resolver las situaciones urgentes y perentorias, las industrias inevitablemente tendrán que involucrarse y desarrollar “escuelas de capacitación” en las especializaciones que necesiten y con los recursos necesarios para llevar este proyecto adelante: económicos, docentes, técnicos. Ya muchas han encarado este camino. Para ello no solo es necesario tener en cuenta el proyecto de capacitación en si mismo sino tener claridad, al incorporar personal para “desarrollar”, en que posean las “competencias” necesarias que facilite y posibilite esta capacitación y desarrollo. Cuando hablamos de “Competencias” nos referimos al conjunto de capacidades, habilidades y actitudes que debe dominar un individuo para lograr resultados en una posición determinada. Las personas además de ciertas capacidades y conocimientos relacionados con su oficio específico tienen que tener otras aptitudes que les posibilite el éxito en ese emprendimiento. La capacidad y rapidez en el aprendizaje, su tendencia a la resolución de problemas, aptitudes para el trabajo manual, rapidez de reflejos, minuciosidad, creatividad, perseverancia, tendencia a resultados, son solo algunas de ellas.

En la medida que el empresariado invertirá recursos, tanto en dinero como en tiempo, es necesario restringir al máximo las posibilidades de fracaso en la selección del personal sujeto a estos planes de capacitación.

Las instituciones comunitarias asesoradas por el Estado, pueden aportar también su colaboración, creando niveles de capacitación de acuerdo a la demanda laboral de la región y siguiendo las pautas generales que determinen la planificación elaborada por el estado y organizaciones productivas.

Las personas participan individual y colectivamente, c uando hablamos de participación lo hacemos en un sentido pleno. Participar significa compartir y unirse, es estar, formar parte, opinar y también, decidir. Eso es un protagonismo real.

El individuo se transforma en este proceso de persona-objeto en persona-sujeto, con una clara visualización de sus recursos, una valorización de sus saberes y una toma de conciencia de los logros que se pueden obtener a través de la participación activa en la organización social.

Sin embargo, este es un proceso complejo porque en contextos críticos es casi imposible programar estrategias “paso a paso “ y en cambio se imponen aquellas desarrolladas en base a un fuerte contenido de intuición, de exploración azarosa. Este tipo de exploración requiere una gran tolerancia a las oscilaciones necesarias hasta poder encontrar el “encaje” justo.

Finalmente, l as organizaciones intermedias, los individuos, las empresas, el estado se encuentran así ante una gran desafío, la búsqueda de alternativas novedosas que se adapten al momento actual.

Por lo que enfatizamos el poder elaborar diseños de reingeniería social a partir de contextos sociales “locales”, teniendo como eje la participación activa de las personas y reconstruyendo relaciones basadas en la confianza y los objetivos compartidos.

El privilegiar al mismo tiempo, la capacitación de todos los distintos niveles de la estructura, posibilitará condiciones diferentes que pueden ayudar a generar recursos más aptos.

Los hombres tendrán que apostar nuevamente al esfuerzo, a su desarrollo. Al presente y al futuro.

Es un gran esfuerzo conjunto, pero vale la pena.

Concluimos estos pensamientos reflexionando que el TRABAJO es para el ser humano lo que la PRODUCCION es para la industria. Es la posibilidad de vida y crecimiento. De un presente y de proyectar un futuro. De salud y progreso.

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